En primer lugar, el desarrollo personal y colectivo en lo tocante al hambre y a la supervivencia física plantea el problema crucial del poder en cualquiera de sus formas y en cualesquiera facetas en las que esa supervivencia sea puesta en peligro, que no sólo por muerte por inanición. Poder tanto opresor, que expolia e impide que el sujeto y el colectivo dispongan de medios y condiciones de supervivencia; como poder revolucionario mediante el cual las oprimidas/os se enfrentan al opresor recuperando las condiciones y medios de supervivencia. Sea al más reducido nivel personal, cotidiano, en el domicilio conyugal o en las relaciones de dependencia y control bipersonales; como en las más colectivas, masificadas e interrelacionadas condiciones de vida y trabajo, desde el barrio, escuela y fábrica, hasta el paro masivo, empobrecimiento y precariedad generalizada, etc, aquí el problema del poder también es capital. Ocurre que como la necesidad básica tiene una fenomenología histórica, su satisfacción es siempre concreta dentro del contexto histórico de necesidad. Cuando más se desarrollan las necesidades no fundamentales, secundarias y terciarias, el consumismo compulsivo de mercancías fugaces en suma, más crece la implicación del poder opresivo dentro de ellas, de modo que más cruda y descarnadamente aparece la urgencia de poderes emancipadores sin los cuales es imposible la dialéctica del desarrollo personal-colectivo.
En la supervivencia física y en el hambre, vistas en su historicidad, es donde más abiertamente se desvela el problema crucial de la apropiación del excedente colectivo-individual. Expropiar el excedente es mutilar al sujeto, arrancarle parte de su sangre, psique e ilusión vital. Expropiar el excedente, lo que sobra o resta del producto de la fuerza de trabajo tras consumir lo necesario para su recomposición, es expropiar el tiempo vital, robar la vida exteriorizada en el excedente. De este modo, la persona y la colectividad son empobrecidas a la fuerza y mermadas, consiguientemente, sus capacidades potenciales de desarrollo y sus posibilidades de supervivencia. Por tanto, es un problema de poder en sentido lato y duro. Las relaciones interpersonales no están al margen de esa infernal maquinaria expropiadora sino que, por cuanto mercantilizadas y cosificadas, son instrumentos suyos. Superar esas relaciones realmente desrelacionadas y desarrollar otras solidarias y emancipadoras, aparece como la forma directa de aumentar en la cotidianidad colectivo-individual la supervivencia de todos.
En Euskal Herria tenemos una muy rica práctica en aumentar nuestra supervivencia o, al menos, en evitar su merma. El MLNV ha teorizado lo que define como Poder Popular, entendiendo por tal el conjunto de movimientos, sindicatos, organizaciones, redes y grupos que ayudan a la autoorganización colectivo-individual de áreas simbólico-materiales, lingüístico-culturales, político-sociales, recreativos y deportivos, ecológicos y alternativistas, etc, que enfrentan su práctica y teoría de construcción nacional vasca a las estrategias desnacionalizadoras de los Estados español y francés. El concepto de Poder Popular es aplicable a cualquier situación de expropiación del excedente, por minorizada, individualizada y aislada en la soledad más enclaustrada que esté: se trata de adaptarlo a esa realidad y potenciar el desarrollo emancipador de esa persona. La plenitud del Poder Popular como instrumento multirrelacional garantizador de la supervivencia individual-colectiva vasca se materizaliza, en primera instancia, en los puntos tácticos de la Alternativa KAS y definitivamente, siempre en la historicidad de todo lo definitivo, en los puntos estratégicos de KAS.
En segundo lugar, la autonomía personal-colectiva, que sólo emerge al asegurarse niveles suficientes de autocontrol de las condiciones de supervivencia, se desarrolla en relación directamente proporcional al autocontrol por el sujeto de su excedente. Insistimos en este punto pues es también básico en la teoría marxista de la desalienación y recuperación del tiempo propio. El excedente no es sólo material en sentido bruto, económico y fungible, sino también simbólico, cultural, afectivo, sexual, etc. Su dominio personal-colectivo, su autocontrol en cuanto proceso colectivo de creación y exteriorización no alienada, es un requisito irrenunciable. La autonomía así vista es la capacidad de optar conscientemente en los momentos cruciales de poli o bifurcación en cualesquiera situaciones de crisis se presenten. Momento de crisis en su definición griega clásica, dialéctica, de necesidad de elección entre dos o más posibilidades. La autonomía se enriquece y llega a ser independencia personal cuando el sujeto es propietario de sí, no en el sentido mercantil, de abstracción-intercambio dependiente del dinero en cuanto equivalente universal y por ello mismo, constreñido a una medición igualadora cuando es desigual de por sí. Independiente es cuando desde su desigualdad aporta en base a ella al enriquecimiento pluridimensional de los demás y viceversa.
Debemos profundizar esta relación entre autocontrol del excedente propio, autonomía e independencia colectivo-individual pues presenta el núcleo de la teoría marxista que debatimos. La manifestación más cabal del tránsito desalienador desde la cosificación despersonalizada hasta la personalidad independizada es la recuperación de la lengua nacional desde y para criterios emancipadores. Partimos aquí de la definición de lengua como componente definitorio de la cultura y de ésta como la capacidad colectivo-individual de producción y administración de valores de uso. Recuperar la lengua nacional, enriquecerla con la praxis, autonomizarla primero de la dictadura transnacional de la cultura cosificada y después independizarla al dotarle de medios de autoproducción crítica, éste es el camino recto que va de la alienación colectivo-individual a la independencia como pueblo libre formado por personas libres. El poder creciente de las transnacionales aculturizadoras y la mundialización capitalista agudiza la urgencia de avanzar en esa dinámica de autocontrol, autonomía e independencia productivo-cultural de valores de uso, y el valor de uso por excelencia es la lengua nacional.
En Euskal Herria este proceso recuperador es, como en cualquier otro pueblo oprimido, inseparable de la conquista de la independencia nacional tal cual viene enunciada en la Alternativa KAS. El carácter activo y con perspectiva de futuro del Poder Popular se muestra ahora en su pleno significado. También su estrechísima imbricación con el desarrollo individual pues la lengua la hacen las personas, niñas y niños que crecen en pueblos conscientes de sí. Las arraigadas organizaciones y movimientos de reeuskaldunización con su creciente apoyo popular, contrastan con la estrategia contraria al euskara de los poderes centralistas y regionalistas. No tenemos otra alternativa que volver a la confrontación de poderes, los opresores y los liberadores. Sea para superar las tremendas dificultes a nivel individual y colectivo que hay que hacer para aprender y usar euskara; sea para superar las trabas y trampas legales, oficiales e institucionales, en ambos casos, el desarrollo personal ha de asumir un esfuerzo consciente que entra directamente en pugna de mil modos con el poder opresor.